Bueno, listo, me decidí:
Te llamo, te paso a buscar con mi auto y te invito a “Mítico Sur”.Comemos una picada patagónica con tomates secos en aceite de oliva y unos hongos con especias al vino blanco.
Elijo San Telmo porque tiene esos callejones oscuros y empedrados que dan una sutil intimidad y generan ese clima siglo XIX que a mi me gusta tanto.
Tengo la astucia de dejar el auto estacionado a unas cuadras a fin de tener tiempo y espacio para generar acercamientos físicos casuales mientras caminamos por las angostas callecitas vagamente iluminadas.
Reservé una mesa arriba y al fondo para que no estemos tan expuestos.
Durante la comida vamos a hablar un poco de vos, un poco de mí y -no voy a poder evitarlo- haré chistes para hacerte reír, pero está bien, sé que vos vas a hacer lo mismo.
De postre vamos a compartir un volcán de chocolate que por dentro esté bien caliente, para que en ese momento la conversación se vuelva cada vez más sugestiva. Haremos juegos de palabras con doble sentido y juro que me voy a esforzar para que te des cuenta que sí o sí quiero besarte hoy.
Nos vamos a mirar directamente a los ojos sin bajar la mirada y como sin querer, nos iremos acercando cada vez más.
Voy a pedir la cuenta.
Te invito yo, no insistas, yo pago.
Mientras bajemos la escalera que nos depositará en la calle voy a repetirme, para alentarme a mi misma: hoy te beso, hoy te beso, hoy te beso... No voy a esperar más a que vos tomes la iniciativa, no importa, es irrelevante, te beso yo y ya.
Caminamos hasta el auto. No hablamos. Yo por dentro estoy barajando las diferentes opciones:
a) me transporto a alguna película de Mirtha Legrand y te digo que me entro una basurita en el ojo, a ver si me la podes sacar... y ahí cuando te acercas te estampo un beso.
b) Me hago la gatuna masculina, te agarro de la nuca y te digo: vení... y ahí el beso.
c) Tomo valor, me compenetro en alguna chica Maitena y te digo: dale, baja, no puedo más por besarte.
d) Una vez en mi auto y ahora sí a la misma altura, te miro a los ojos, te digo que la pase genial y me acerco, como típica película de Hollywood y directamente encaro a tu boca...
Pero no, claro, perdí el tiempo en opciones que no tuve tiempo de ejecutar.
De pronto me doy cuenta que me estas diciendo que no me preocupe en llevarte, que te tomas un taxi. Que gracias por la invitación, que la pasaste súper, el lugar buenísimo y no se que otra cosa que no te escuché porque en mi cabeza,
solo sonaba la alarma de la frustración
y un duende porteño que me decía:
olvidate, no se te va a dar...
CUARENTA MILLONES DE LUCAS
Hace 1 día
